The Dig

Muchas veces me pasa que veo una película o leo un libro y me quedo rumiando varios días. Sigo recordando ciertas escenas, pienso en algún personaje, en el final, me lleno de preguntas sin respuestas. Entonces me siento, prendo la computadora y me pongo a escribir, intentando saber porque me impactó tanto, qué me quiere decir. Hace unos días vi “La excavación” (“The Dig”) en Netflix y algo quedó resonando en mi porque sigo pensando en ella. La película, basada en hechos reales, comienza cuando Edith Pretty contrata a Basil Brown para que excave unos montículos que tiene en su tierra. Ninguno de los dos espera encontrar lo que estaba bajo tierra.

Lo que más me impresionó no es el hallazgo sino lo que esto genera a su alrededor, lo que produce en todos ellos. Basil es un hombre que dejó la escuela a los 12 años, siempre trabajó de excavar y nunca se sintió valorado por eso; es una persona sumamente humilde y leída. Edith es viuda, tiene un hijo chico, está comenzando la guerra y nadie quiere ayudarla en averiguar que hay debajo de esos montículos. Después de confirmar que aquel hallazgo es uno importante, el museo manda un equipo de profesionales para ayudar en la tarea y dirigir la operación, ahí aparece el personaje de Lily James quien llega con su marido, y Johnny Flynn quien hace del primo de Edith. Ambos no serán lo mismo después de su encuentro.

Esta es la segunda película del director Simon Stone. Los lugares donde transcurre la historia son bellos, las actuaciones están bien, son sutiles y muy emocionantes. Poco a poco, mientras se desentierra este gran tesoro, “la excavación” nos revela historias que fluctúan entre el amor y el desamor, la vida y la muerte, el olvido y el reconocimiento merecido, lo duradero y lo fugaz.

El contexto no es un dato menor, es 1939, la Segunda Guerra Mundial es una preocupación latente para todos y aún así, ellos están concentrados en aquel tesoro enterrado. Es una película que dialoga, a mi entender, muy bien con nuestro tiempo; en relación con el reconocimiento, con ocupar un lugar importante, dejar huella, ser reconocidos. Hoy en día donde ser “influencer” pareciera ser una carrera, una elección, se busca ser conocidos, que todos nos miren, sepan de nosotros, sin importar porqué. Basil Brown ve una oportunidad para dejar un legado, su nombre en la historia. Hay una frase muy importante, que también está en el trailer, cuando dice: “Un hombre puede excavar toda su vida y no encontrar nada como esto”. Es su oportunidad, se la merece y no quiere perderla.

¿Hasta cuando podemos buscar?, ¿cuánto tiempo podemos perseguir un objetivo?, ¿vale la pena todo el tiempo que le dedicamos?, ¿alguien nos recordará a través de los años?. Son algunas de las tantas preguntas que uno puede hacerse, o mejor dicho, que yo me hice al verla.

“La excavación” es una película sutil, preciosa, emocionante. Tocó una fibra en mi, esto no quiere decir que sea la mejor película del año ni siquiera una obra maestra, pero cuando esto sucede hay que escribir y compartirlo. Ojalá puedan verla y contarme qué les pareció.

Extra:

La película está basada en el libro de John Preston, con el mismo nombre, publicado en 2007, donde se retrata la excavación de Sutton Hoo. El es el sobrino de una de las mujeres que participó en este hecho histórico, Sra. Peggy Piggott, la primera que descubrió elementos de oro en la cámara funeraria dentro del barco.

Utilizando libros de texto y transmisiones de radio, Basil Brown aprendió latín por sí mismo y aprendió a hablar francés con fluidez, al tiempo que adquirió algunos conocimientos de griego, alemán y español. Aunque declarado médicamente no apto para el servicio al estallar la Primera Guerra Mundial, Brown sirvió como voluntario en el Cuerpo Médico del Ejército Real de Suffolk desde el 16 de octubre de 1918 al 31 de octubre de 1919.

Basil Brown: Aunque nunca publicó material sobre su trabajo arqueológico como único autor, sus cuadernos meticulosamente guardados , incluidas fotografías, planos y dibujos, ahora están en manos del Servicio Arqueológico del Consejo del Condado de Suffolk y la Oficina de Registros de Ipswich.

Sus contribuciones a la arqueología fueron reconocidas en 2009 por una placa en la Iglesia Rickinghall Inferior. Sin embargo, sigue sin ser reconocido en gran medida por su trabajo en Sutton Hoo. Una calle en Rickinghall, el pueblo donde vivía, lleva su nombre.

Edith Pretty murió el 17 de diciembre de 1942 en el Hospital de Richmond a la edad de 59 años después de sufrir un derrame cerebral, y fue enterrada en el cementerio de Todos los Santos en Sutton. Un retrato de Edith, de 56 años, fue pintado por el artista holandés Cor Visser y donado al National Trust por David Pretty, su nieto.

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